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Periodismo santafesino

Este es el primer blog en la ciudad de Santa Fe para todos aquellos que, de una u otra manera, ejercen o son amantes de esta profesion. Aqui podremos discutir, analizar y opinar sobre los temas que nos atañen y para que des rienda suelta a tu pasión.

CARLITOS, DIRIGENTE DE PESO$

Por Martín Capa- Clase dirigente: Grupo social que ejerce una influencia preponderante sobre otros grupos sociales en el campo económico, político e ideológico. ¡Esto es por plata! Sentenció el tipo. Y te juro que al oírlo no le llevé demasiada bolilla que digamos. Se sabe que el asunto es serio. Lo jugadores cobran. Los entrenadores cobran. Los periodistas cobran. Los intermediarios cobran. Los barrabravas cobran. Los utileros cobran. Cobran todos.

7 años tenía cuando esa tarde de Domingo mi vieja rezongaba fulero porque mi Papá me llevaba a la cancha a ver un partido contra Independiente. Eran otros tiempos. Mirá si será distinto que antes los partidos se jugaban los domingos todos a la misma hora. El asunto es que fui a la cancha por primera vez cuando era muy pibe. Quedé encantado con el Club. En el colegio ya estaba identificado con una parte del sentimiento de la ciudad. En los clásicos comenzaba a sentir ese temblor en el alma que no había experimentado jamás por nada. No he conocido hasta el momento un dolor similar al de la derrota en un clásico. Son sensaciones diferentes a la del dolor frente a la muerte. Pero no vayas creer que son bastantes opuestas. Después de perder un partido de esos quedas golpeado por meses. A veces hasta por años. El dolor disminuye solo cuando tomas revancha con ese rival. Aunque al domingo siguiente les metas quinientos goles a otro, la cosa no se va. Si lo querré al Club...

Definitivamente supe lo que era pertenecer a algo cuando viajé a Buenos Aires porque nuestro equipo peleaba por cuestiones importantes. La ruta era un kílombo de gente. Nosotros todos con camisetas y el auto envuelto en una bandera. El título se nos negó una y otra vez, pero nunca dejamos de apoyar a los muchachos que estuviesen: jugadores, entrenadores y dirigentes. Les creímos a más de uno que decía que venía a este equipo porque era importante y quería ganar algo con esta camiseta. Y les creíamos hasta que caía el hijo de mil de ese representante que tiene apellido de plata para llevárselo a Racing a Boca o a River. Hasta en eso los entendíamos a los tipos. Porque se iban pensando en un futuro. Y porque Carlitos (que para esa altura ya se había mudado de Barrio y tenía chofer) repetía aquello que luego se haría su frase de cabecera: “no queremos cortarle la carrera a ningún jugador. Sabemos que el fútbol se ha vuelto una actividad muy remunerativa y yo, como representante de la Institución no puedo negarle la posibilidad de partir a un muchacho que tiene en vistas horizontes mucho más grandes que los que pueda alcanzar aquí.”

54 años. Mirada ingenua. Canas entre una calvicie que ya había se había impuesto en su cabeza. Siempre vestido con camisa y pantalón de vestir. Carlos se llamaba... pero era conocido en el ambiente como Carlitos. La verdad, siempre lo mirábamos como un tipo bonachón que daba el tiempo de su vida para un Club que muchas veces le era injusto. Se nos presentaba de improviso en el vestuario y nos daba un discurso que te la cuento. Nos emocionaba el tipo... Nosotros, después le repetíamos a todo el mundo esas cosas que él nos decía. El Gordo parece un buen tipo no decíamos sin entender demasiado bien del asunto.

Cuando cumplí 15 años fui a probarme al Club. Habían venido de un montón de lugares del país. En mi puesto había una fila de cómo 10 tipos. Habré jugado unos 20 minutos. Toqué 4 pelotas. Una fue adentro. No estaba mal pensé. Para ser un nueve de área, tocar pocas pero “mandarla a guardar es lo que cuenta”. Eso es lo que siempre sentenciaba el tipo de la radio. Yo me enganché con ese mensaje. No exagero si te cuento que el solo hecho de haber sido elegido fue suficiente para que aquél sea uno de los mejores días de mi vida. Porque no era solo eso. Calculá. Era tener posibilidades de alguna vez estar dentro de la cancha a la que yo iba como hincha. Era tener posibilidades de cantarle un gol a esa hinchada, nuestra hinchada. Era tener la posibilidad de hacer un gol en el clásico. Era un tipo afortunado creía y construía sueños en la imaginación. Era demasiado.

Pasaban los años y la esperanza iba tomando forma de realidad. Siempre aparecían nuevos competidores en mi posición, pero gracias a Dios me mantuve hasta llegar a la reserva.

Cierta vez se nos apareció Carlitos antes de un partido contra Colón y nos dijo, que pese que nosotros éramos jugadores amateurs “¡esto es por plata!” y que pensemos que al Club siempre le venía bien ganar y destacarse en cualquiera de sus categorías. Porque (se justificó) de esa manera ingresarían al Club dineros que solventarían los gastos que a diario se multiplicaban. Que él, era un tipo que estaba enamorado del Club. Pero debía pensar con el bolsillo. Ya íbamos ingresando en campos donde lo económico comenzaría a tener un valor importante. Por eso si se acercaba el Beto, (ese representante que el apellido suena a guita), le hagamos caso a sus consejos y no veamos mal el hecho de una transferencia.

En ese momento comencé a entender varias situaciones que antes ni se me pasaban por la cabeza viendo todo desde la Popular. El asunto arrancaba los lunes cuando practicábamos con los de Primera. Ya en la puerta de los vestuarios, aparecía el Beto el amigo de Carlitos que traía a “un fuera de serie para que le den una oportunidad, porque este la descose”. Fue comenzar a juntar nervios. Esta clase de tipos no traían jugadores para el Club, venían con negocios debajo del brazo. Y los pibes, más bien que agarraban viaje. Una oportunidad de esas puede significar otro futuro para tu vida. Pero y nosotros? Los que veníamos desde abajo, luchando todas las temporadas contra todo lo que te puedas imaginar? Sabes lo que era viajar a Buenos Aires, tener que soportar que el cinco de ellos venga a romperte las 2 piernas de una patada y que el árbitro se haga el gil porque en la tribuna estaba el presidente de ese club que un día de estos va a ser presidente de todos nosotros? No te das una idea la cantidad de pruebas que íbamos superando cada año.

En Diciembre daban la lista de los que permanecían en la categoría. La mayoría se quedaba en el camino. Es un sistema perverso. Dos de cada cien llegan a Primera. Igual lo agarré como vino desde el vamos y ahí, justo ahí que faltaban un par de escalones para jugar en la primera de mi club, llegaban estos energúmenos trayendo pibes para intentar cagarnos la vida a nosotros. Nosotros, los que habíamos hecho las cosas como era correcto. No teníamos más opción que callarnos la boca. Pero manteníamos nuestra dignidad y mirarlo a los ojos al técnico era algo que él no podía resistir demasiado. Entendía que nosotros sabíamos. Pero él también no podía hacer mucho. O no quería hacer mucho. Entonces, bajaba la cabeza, y trataba de rechazar todos los futuros fracasos que le querían endosar. Además tendría que bancarse algún reto de Carlos. Debería ser más sumiso, pensaría. Pero eso no era todo. En las prácticas teníamos que aguantarnos al Josesito con sus muchachos que nos pedían guita para ir a ver el partido a Buenos Aires, Córdoba o donde fuese. Ahí también estábamos solos. Los tipos de la barra te rodeaban cuando llegabas y te entraban con los comentarios en tono de amenaza con un simple “estamos juntando unos mangos para ir a tal cancha viste?” y de paso te intimidaban mostrándote el chumbo que tenían a la altura de la cintura. No teníamos salida. Había que meter la mano en el bolsillo y después si tener el camino despejado hacia los vestuarios. No tan despejado, porque en ese ínterin surgían como moscas los periodistas para preguntar lo de siempre. Que como lo vemos al equipo, que si motiva enfrentar a tal o cual, que si el técnico me dijo si entraba el domingo...Y yo, como me había acostumbrando a esas preguntas de siempre también respondía lo de siempre. Que vamos a tratar de ganar, que todos los rivales son difíciles, que hay que hacerse fuerte de locales...

Nuestras preocupaciones no eran las de ellos. En todos estos momentos ni noticias del presidente. Él únicamente se venía a los vestuarios cuando ganábamos y se quedaba horas hablando del partido como si hubiese metido los goles. Cuando te hablo del presidente, te hablo además de la Comisión directiva que pareciera estar para firmar los cheques, hablar con la prensa y regalarle entrada a sus amigotes. A esa altura también íbamos cayendo de la clase de persona que elegíamos como presidente cada tanto y teníamos sentada en el sillón de las decisiones. Desde adentro las cosas no son lo que parecen. No se puede engañar a muchos al mismo tiempo.



Después de unos cuantos partidos en reserva llegó el ansiado momento de debutar en primera. No sabía si iba a ingresar porque el técnico me había incluido en el banco de suplentes. Pero entrar con el equipo que iba a jugar el partido con Boca en nuestra cancha era lo que soñé siempre. Esa noche la cancha estaba repleta. Afuera Josesito y sus cómplices vendían 4 veces más de lo que valían las entradas que “sorpresivamente” se habían agotado en 2 horas. Casi cuarenta y cinco mil almas poblaron el estadio. En el diario se decía que había sido un éxito la venta de localidades para el trascendental encuentro del domingo. En la parte de abajo de una de las páginas, un aviso informaba que a través de un celular se podían conseguir entradas para el partido. ¿Te das cuenta? Desde Carlos para abajo todos los dirigentes me resultaban basura de la más jodida.

Cuando al salir del túnel vi como nos recibía la gente, juro que lloré. Los papelitos caían en forma de una lluvia mágica que regalaban aliento a todos los muchachos que corrían por la cancha con el rostro duro por la concentración. El equipo se daba fuerzas para no defraudar. Al llegar al banco de suplentes, levanté la mirada, observé como desde el palco Carlitos hablaba con una radio y saludaba a los muchos que le agradecían el buen pasar de la institución.

Íbamos 1 a 1 cuando en el entretiempo, el técnico me palmeó y pidió que calentara porque tenía chances de ingresar. Hice como si el precalentamiento fuese de rutina. Troté en el gimnasio y escuchaba las indicaciones del preparador físico que me decía ¡Tranquilo! cada 3 segundos. Vaya manera de calmar a alguien... Y yo te juro que andaba lo más bien. Aunque afuera estuviese toda mi familia y mi novia esperando que entre a la cancha. Iba a entrar en el segundo tiempo. Me enteré porque un periodista que estaba cerca de nosotros me sopló todo. Después se me acercó el entrenador...me dio las indicaciones... Como cada persona que está por entrar a la cancha le dije todo que si y salí corriendo hacia el centro del área de ellos porque teníamos un corner. Me pasaron algunas pelotas y las devolví lo mejor que pude.

Faltaban diez minutos para que termine el partido. Nuestro arquero salió jugando. Me entregó un pase extraordinario. Quedé solo frente al arquero porque metí un pique inolvidable. El estadio se calló de repente. Alcancé a imaginar los relatores describiendo el momento decisivo. Le amagué al arquero. Quedó sentado. Después pateé suavemente con la zurda. La pelota rozó el palo. Entró despacio. La hinchada visitante muda. El estruendo de la gente es una de las explosiones más maravillosas que puedan sentirse. Salí corriendo hacia el banco de suplentes. Me abracé con Cachito y Luis. Los únicos sobrevivientes de la sexta división. Se hizo una montaña humana sobre mi. Pude ver a mi familia gritando como locos. Los saludé a la distancia mientras me besaba la camiseta. Ganamos.

En el vestuario se me acercó Carlos y me dijo que en la semana firmaría contrato para ser definitivamente profesional. Porque más allá del amor que todos le tenemos a la camiseta “¡Esto es por plata pibe!. Tenés que pensar en tu futuro y en el del Club, por supuesto. Pero pensá en vos. Hacéme caso”. Con el vinieron flashes, luces y micrófonos. Todo parecía ser responsabilidad suya. Al menos eso les hacía entender a los de la prensa.



Clase dirigente: Grupo social que ejercer una influencia preponderante sobre otros grupos sociales en el campo económico, político e ideológico.



Pasaron 6 meses desde aquella tarde maravillosa. El puesto me fue quedando cada día mejor. Tenía un buen promedio de gol. Los periodistas del diario (que se dice también es propiedad de Carlitos) me insistían sobre que sabía sobre ofertas para ir a jugar al exterior. Y yo, nada. Estos tipos insistían con esos asuntos. Deseaba quedarme para siempre en este Club. Compartir mi vida con los muchachos del barrio. No pedía demasiado. Pero Carlos no tiene patria. Era clavado que un día se iba a aparecer el Beto. Me iba a proponer firmar un contrato con su empresa. Hablarme de España, Italia o Francia. Que la oferta era muy conveniente. Que con mi autorización él se encargaba de todo. Es más, “Carlitos me dijo que te hable”, me dijo muy suelto de palabra. Todo clarito. Solo atiné a decirle que no me interesaba la propuesta. Yo pretendía quedarme en el Club y buscar el campeonato para la hinchada más incondicional que conozco.

Creí encontrar el desquite que venía necesitando el día del clásico, cuando con un gol mío les ganamos en su cancha. Entonces yo, cuando me preguntaron que sentí cuando hice el gol respondí “Tanta alegría como bronca. Alegría porque viví una sensación inigualable. Quiero dedicarle todo este momento a mi familia y a los hinchas. A nadie más. Bronca porque acá en la semana estamos solos y tenemos que bancarnos los aprietes de la barra y los negociados que traen tipos que alguien deja pasar. Me quiero quedar en el club. Ni pienso en irme del barrio aunque me estén empujando desde la dirigencia para que me vaya no se a donde.”

A los 20 años iba poniéndole el cierre a mi corta carrera en Primera división. En los diarios del día siguiente tuve que leer que era un desagradecido. Que el presidente dijera a los cuatro vientos que cierta gente del Club no lo quiere y que tiene intereses creados. Por ello esas personas tenían las horas contadas. Que le amargaba escuchar de un pibe de las inferiores semejantes mentiras. Que dudaba seriamente de continuar en el cargo. Aunque rápidamente se rectificó. Aseguró que continuaría luchando contra viento y marea ante todas las adversidades de este calibre. En la radio me destrozaron. Los periodistas dijeron que no me conocían demasiado. Que les extrañaba profundamente la denuncia pública que hice. Que porque no me dirigía a las autoridades de la Asociación. Que la gestión del Presidente no tenía oscuridades que ellos pudiesen comprobar. Y se preguntaban con tono inquisidor si merecía continuar en el Club. En las tandas se escuchaba claramente el single “Carlitos Presidente. Honestidad y capacidad.” En toda esa burbuja sentí que el olor a mierda no me compraba el alma. En los medios rápidamente comenzaron a hablar sobre la peligrosidad de el próximo rival y la cantidad de goles que el equipo convirtió en el primer tercio del partido.

Después de todo eso jugué unos partidos en la ligas del interior y siempre, pero siempre que algún pase me salía mal, tuve que escuchar algún tarado que me gritaba: ladrón, transpirá la camiseta. Andáte y no robes más!

Martin Capa

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